¿De qué manera la utilización de un paradigma sociocultural ayuda
al diseño de actividades pedagógicas mediadas por tecnología digital, así como
a la evaluación de dichas actividades y de las políticas institucionales y
educativas que las sustentan?
Para reflexionar en torno a estos cuestionamientos es importante
ubicar al lector y recordar que es un paradigma sociocultural. Esta teoría,
planteada por el psicólogo ruso Lev Vygotsky, surge de la necesidad de definir
el papel de la mediación cultural en el desarrollo del individuo,
fundamentándose este paradigma en el hecho de que este aprendizaje “…se trata de un
producto de la participación social vinculado al uso de herramientas
culturales” (Fernández, 2009 p.22), contrastando con otros psicólogos quienes
consideraban este desarrollo como una construcción individual; en sí, lo
fundamental es entender el papel que tiene la cultura, la historia y la
sociedad en el desarrollo individual, es decir ver al hombre desde un enfoque
holístico. Vigosky considera que el aprendizaje precede al desarrollo,
refiriéndose a aquel que se da en la “Zona de desarrollo Próximo” (ZDP), el
cual se precisa como el punto de interacción social donde se propicia el
desarrollo psíquico, resultado de la solución individual de problemas y el
nivel más elevado de desarrollo potencial tal y como es, determinado por la
resolución de problemas bajo la guía del adulto o en colaboración con sus
iguales más capacitados (Vygotsky, 1978:85).(Citado por Fernández 2009 pg. 26)
Por este motivo, fuera de los límites de la ZDP no hay aprendizaje (Rodríguez-
Mena, 2004).
Cuando se habla de comunidad de práctica se debe entender que su
interacción está dada por el manejo de los instrumentos que son propios de la
cultura y “…que esos instrumentos no son sólo de naturaleza material, sino
también de carácter psicológico, el uso del pensamiento simbólico es el que en
realidad ha facilitado a la humanidad transformar su propia historia.” (Lacasa
2008, p28). Existe un compromiso mutuo, una empresa conjunta y un repertorio
compartido dentro de las comunidades de práctica (Wenger 2001 pp 100), que
posibilitan que su conformación heterogénea se sustente y enriquezca en la
práctica y en la consecución colectiva de interés.
A través de la historia se han constituido diversas comunidades de
práctica, pero hoy más que nunca la conformación de estas comunidades dentro de
una sociedad de la información en un mundo globalizado, donde las tareas
multimodales hacen parte del repertorio académico y laboral, se hace necesario que el docente además de reconocer el contexto
social y cultural, identifique el contexto de los objetos de aprendizaje que
posibilitaran la consecución de una tarea conjunta. El docente es un mediador
que posibilita la interacción entre el discente, sus procesos y las
herramientas con las que se apropia del conocimiento y del saber sociocultural.
En tal sentido el docente debe ser consciente de su papel como agente cultural
y de su acción mediadora dentro de un contexto social y cultural específico que
conoce, y sobre el cual traza sus objetivos instruccionales para la
comunidad de práctica que está mediando, visionándolos a diversos contextos probables.
Al romper las barreras del tiempo y del espacio, al igual que la
portabilidad que la tecnología ofrece en creciente desarrollo día a día, se
hace necesario que la mediación del docente se sustente en las estrategias que
sean capaces de consolidar a través de los medios sincrónicos y asincrónicos
las características conceptuales, estructurales y sociales de una comunidad de práctica,
donde el rol activo de sus integrantes les permita el desarrollo de un
aprendizaje significativo desde la mirada de un paradigma sociocultural.
La heterogeneidad de las comunidades de práctica posibilita la
construcción de un conocimiento colectivo desde una perspectiva sociocultural
pluricultural, que el docente debe mediar en un lenguaje de cordialidad y
respeto, dando espacio al enriquecimiento de otros valores además de los
académicos; la construcción social y cultural debe darse en el principio de no
solo el respeto por la opinión del otro y de la consecución de una meta en
común sino del reconocimiento de la realidad del otro, de unas estructuras
léxicas y semánticas que posibilite un andamiaje de constructos más profundos,
más críticos y que le validen realmente su rol en la sociedad de la
información.
Las estrategias metodológicas planteadas desde un paradigma socio
cultural pueden ser muchas, centradas en el diseño de ambientes de aprendizaje
que le permitan a los estudiantes la adquisición de las habilidades que demanda
la sociedad del conocimiento, haciendo frente a trabajos que aún no existen, a
problemas que todavía no se conocen y tecnologías aun no diseñadas. En palabras
de Romero y Heredia (2007), se les exige a los estudiantes ser más
independientes en su pensamiento, que identifiquen y resuelvan problemas y que
analicen la información. Este propósito solo es asumible desde una
automotivación y autorregulación del pensar y el actuar, desde un trabajo
colaborativo en equipo, desde un actuar ético en busca de las metas en
conjunto, donde el profesional del futuro haga frente a las demandas y
exigencias laborales, para lograr este propósito, es indispensable que el
diseño instruccional
y las estrategias pedagógicas reflejen el papel
mediador de un docente convencido de la importancia de estructurar un currículo
en función del alumno, de los intereses y necesidades que demanda el campo
laboral, donde se le permita potencializar las competencias básicas para una
sociedad del conocimiento desde un paradigma sociocultural como constructo de
conocimiento en una comunidad de práctica contextualizada.
Poco
a poco la sociedad el conocimiento se dirige
vertiginosamente a nuevos escenarios tecnológicos en los que las actividades
estarán mediadas por las TIC (Alanis 2007) donde la interacción da posibilidad
al diseño de nuevas actividades cotidianas y el establecimiento de empresas
conjuntas (Wenger 2001). Es por esto que la responsabilidad del docente debe
estar centrada al diseño de actividades pedagógicas que sustenten este
propósito. El diseño curricular debe centrarse a un currículo flexible que
promueva los procesos cognitivos y que permita a los estudiantes vivir las
experiencias necesarias que les consoliden como personas integras, con valores
y reglas que sean las reglas básicas de su vida cotidiana, donde se realice un
uso crítico y prudente de las tecnologías y se posibilite el acceso a la
información desde un marco global.
La evaluación debe centrarse en los procesos y cómo éstos dan
prioridad al individuo dentro de un constructo social, cómo los mismos
posibilitan el desarrollo de habilidades y competencias que le serán necesarias
en una sociedad de la información, cómo el currículo se flexibiliza para
adaptarse a las nuevas tecnologías y a la apropiación que de estas se desarrolló
en pro de un aprendizaje significativo, y como se ha dicho permita la
construcción de un conocimiento global, integral, capaz de adaptarse a las exigencias
de un mundo en constante cambio y resolver los nuevos retos que día a día se
presentan.
Referencias
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